Escuchar un disco sin que la música quede relegada al fondo. Esa es la propuesta de Ritmo Colectivo, también llamado RiCo HiFi, un listening bar que abrió en Providencia con parlantes fabricados en 1983, tornamesas para reproducción de vinilos y un diseño que dirige la atención hacia el sonido.
El concepto de listening bar surgió en Japón bajo el nombre ongaku kissa. Desde la década de 1920, estos espacios reúnen a personas que se sientan, conversan en voz baja, beben y escuchan discos. La diferencia con un bar convencional está en el lugar que ocupa la música: no acompaña la experiencia, sino que la organiza.
El formato se extendió con el tiempo a ciudades como Berlín, Madrid, Londres, São Paulo y Buenos Aires. Entre sus exponentes se encuentran Bar Neiro, Gota, Jumbi y Matiz. Cada uno construye su programación en torno a géneros, comunidades o formas de reproducción.
En Chile, la tendencia comenzó a aparecer en Concepción y Santiago. En ese escenario surgió Ritmo Colectivo, un proyecto que integra un bar de escucha y una tienda de vinilos, con presencia de música electrónica en su catálogo.
La iniciativa fue impulsada por Gonzalo Vallejo, periodista de profesión y DJ, junto con un grupo de amigos relacionados con la música. Su vínculo con los discos comenzó durante la infancia, cuando su padre le encargaba cambiar los casetes en reuniones de familia.
Vallejo trabajó después en comunicaciones para Techo, Kauffmann y el Mundial Sub-17 de Fútbol de Emiratos Árabes. En paralelo, participó como DJ en fiestas de Chile. Sus viajes y el contacto con bares de escucha aportaron referencias para desarrollar el proyecto en Santiago.
El grupo encontró un local en la calle Luis Middleton, dentro del conjunto Empart, conocido también como las torres de Carlos Antúnez. El inmueble había funcionado durante años como fuente de soda. Tras una intervención, el espacio pasó a operar como bar, cabina para DJ, punto de escucha y tienda de discos.
El desarrollo involucró al estudio de arquitectura DA2, a Estudio Well en el interiorismo y a Needle en el tratamiento del sonido. El objetivo consistió en coordinar la distribución del audio con los materiales de muros, cielos y pavimentos.
Daniel Vargas Espada, arquitecto del proyecto, explica que la experiencia de un listening bar depende tanto del sistema de reproducción como de la construcción. La arquitectura, señala, debe orientar la atención hacia la escucha y controlar la forma en que el sonido circula por el recinto.
El sistema incluye dos parlantes JBL 4344 de 1983, enviados desde Japón. Cada unidad pesa 100 kilos. A ellos se suma un amplificador Rega procedente de la fábrica de Inglaterra, una tornamesa Rega Planar 8 para las sesiones de escucha, dos Technics 1210 GR en la cabina y un mixer Isonoe 420 para el control de las presentaciones.
El proyecto también consideró su relación con el barrio. Para evitar que el sonido afectara a quienes viven en el sector, el equipo formó una comisión dedicada a estudiar su distribución. Ese trabajo entre personas de distintas áreas dio origen al nombre Ritmo Colectivo.
Además del funcionamiento como bar, el recinto contempla actividades en torno a la cultura del disco. El programa incluye escuchas guiadas, encuentros sobre la historia de álbumes y lanzamientos. La intención del equipo es convertir el espacio en un punto de reunión para el barrio y para quienes siguen la producción en vinilo.
La cocina está a cargo de Maximiliano Muñoz, chef de Huggo Comedor y parte del equipo que trabajó en Guappo Bistró. Su propuesta toma elementos del tapeo y de preparaciones de Chile. La carta incluye carpaccio de lengua nogada y tártaro de hongos, además de otros platos pensados para compartir durante las sesiones.
La oferta de bebidas contempla opciones con y sin alcohol. Entre las primeras aparecen preparaciones con whisky de Japón y piscola; su venta y consumo están sujetos a la normativa para personas adultas.
La programación funciona de martes a sábado. Quince DJ se alternan en la cabina con selecciones de vinilos y el calendario contempla la participación de invitados. Cada jornada propone un recorrido por estilos, épocas y sellos, con el disco como soporte de reproducción.
El nombre del local también remite al trazado del conjunto Empart. Visto desde el aire, el patrón de sus edificios forma una secuencia que los fundadores asociaron con el ritmo. Esa relación entre barrio, arquitectura y sonido resume la idea que sostiene a RiCo HiFi: construir un lugar donde escuchar sea el acto que define la visita.
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