Un estudio publicado en Frontiers in Psychology sostiene que asistir a raves y el uso de psicodélicos se relaciona con vínculos sociales duraderos y estados de transformación personal. La investigación plantea nuevas posibilidades para futuras terapias clínicas.
Un estudio difundido por Frontiers in Psychology examinó la relación entre el raving, los estados alterados de conciencia y la creación de vínculos sociales. La investigación señala que las raves suelen vincularse a conductas prosociales y a un “modo de compromiso ritual” que facilita conexiones dentro del grupo.
La antropóloga cognitiva de la Escuela de Antropología y Conservación, Dra. Martha Newson, lideró la investigación observando a personas que asistieron a raves y evaluando sus estados alterados, definidos como “4D”: baile, tambores, privación del sueño y drogas. Según la investigadora, estos elementos se relacionan con experiencias propias de rituales grupales o salidas colectivas a eventos musicales.
La Dra. Newson encuestó a cientos de personas que habían participado previamente en raves y fiestas gratuitas para determinar si estas experiencias estaban asociadas con sensaciones de asombro y transformaciones personales. El estudio encontró que, de manera recurrente, quienes tenían “personalidades abiertas” reportaron que estos encuentros estaban vinculados a procesos de transformación personal y a un fortalecimiento de sus lazos con el grupo.
Los resultados también mostraron que el uso de psicodélicos tenía un mayor impacto en la consolidación de estos vínculos sociales. “Los psicodélicos tienen un estigma relacionado con el consumo recreativo y sus efectos nocivos”, señaló la Dra. Newson. Sin embargo, destacó que hoy están presentes en diversos estudios clínicos orientados a terapias para tratar depresión, trastorno de estrés postraumático o anorexia.
El estudio indica que los psicodélicos podrían convertirse en un elemento significativo dentro de futuras terapias clínicas si logran superar sus connotaciones negativas. “Encontramos asociaciones positivas entre el baile y el consumo de drogas psicodélicas en rituales grupales con sentimientos de asombro y vínculos sociales que podrían servir para respaldar nuevas terapias clínicas”, concluyó Newson.
Revisa el estudio completo Aquí.