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Denuncias por violencia sexual y abusos de poder reabren el debate sobre la deriva del techno

Las denuncias recientes por violencia sexual y abusos de poder que salpican a figuras vinculadas al hard-techno han encendido una discusión dentro de la comunidad electrónica. El colaborador Fernando Fuentes plantea una pregunta que atraviesa foros, clubes y festivales: ¿qué está ocurriendo en una escena que durante décadas se presentó como espacio seguro e inclusivo?

Fernando Fuentes del medio Vicious Magazine, inicia su reflexión con una afirmación directa: hoy, sostiene, a casi cualquier propuesta se le denomina techno y, por extensión, hard-techno. A su juicio, el término “underground” se utiliza para describir artistas, temas y clubes que operan dentro de circuitos de alta visibilidad y rentabilidad.

El techno, entendido como movimiento contracultural, perdió —según su análisis— gran parte de su carácter marginal. Durante décadas, asistir a un club de techno en Europa o España implicaba un entorno donde la diversidad era parte central de la experiencia. La pista de baile funcionaba como espacio de convivencia sin estigmas ni agresiones de carácter homófobo o sexual. Esa lógica de inclusión es, para el autor, uno de los elementos que definieron la identidad del género.

Las denuncias recientes alteran esa percepción. La aparición de testimonios que apuntan a conductas de abuso de poder y violencia sexual por parte de figuras asociadas al hard-techno tensiona la imagen pública de la escena. Para Fuentes, estos episodios no pueden analizarse al margen de un proceso más amplio: la comercialización acelerada del estilo.

El hard-techno, explica, pasó de ser un nicho a convertirse en un segmento de alta demanda. Artistas, agencias de booking, promotores y marcas participan de un circuito que genera ingresos relevantes. En ese contexto, afirma, la lógica económica desplaza criterios culturales. “Todo vale” se instala como práctica cuando el objetivo principal es sostener la rentabilidad.

El autor también cuestiona la evolución del perfil profesional de parte de los DJs actuales. Sostiene que un número significativo de quienes hoy encabezan carteles no habría alcanzado esa posición en las décadas de los 80, 90 o en los primeros años del 2000. Compararlos con quienes impulsaron el techno en Europa —incluida España— supone, según su planteamiento, desconocer procesos históricos y trayectorias consolidadas.

Fuentes señala que varios DJs veteranos manifiestan distancia frente a la escena contemporánea. La falta de identificación con dinámicas actuales —centradas en la exposición digital y la inmediatez— genera una fractura generacional.

Otro eje de su análisis apunta a los promotores. Afirma que, en muchos casos, la contratación responde más a métricas de redes sociales que a criterios musicales. La viralidad, el alcance y la capacidad de generar interacción digital pesan en la programación de clubes y festivales. La consecuencia es una escena donde la visibilidad antecede a la consolidación artística.

La popularización acelerada del hard-techno, continúa, produce carreras de ascenso rápido. Lo que antes requería años de aprendizaje en cabina y estudio, hoy puede resolverse en ciclos breves impulsados por plataformas digitales. Esta dinámica, advierte, también incide en comportamientos asociados al ejercicio del poder. La fama repentina puede traducirse en prácticas que exceden el ámbito profesional, incluidas conductas de abuso.

Fuentes concluye su reflexión con una advertencia dirigida al público: la escena debe revisar sus mecanismos de control, denuncia y responsabilidad. La pista de baile, sostiene, no puede convertirse en un espacio de riesgo. La pregunta que atraviesa su análisis permanece abierta: si el hard-techno pierde sus códigos de convivencia y su ética interna, ¿qué queda de aquello que lo definió en sus orígenes?

La discusión continúa. Mientras avanzan las investigaciones y se multiplican los testimonios, la comunidad electrónica enfrenta un debate que excede lo musical y alcanza dimensiones culturales, económicas y sociales.

fuente: https://viciousmagazine.com/news/por-que-la-actual-escena-hard-techno-empieza-a-dar-miedo-y-asco/

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Etiquetas: , Last modified: 26/02/2026