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Novah, redes sociales y la transformación irreversible del techno

El crecimiento viral de la DJ internacional Novah reabre el debate sobre visibilidad, legitimidad artística y el rol de las plataformas digitales en la escena electrónica contemporánea.

A finales de 2025, la escena techno vivió uno de esos momentos que marcan un antes y un después. En cuestión de días, la DJ internacional Novah experimentó un crecimiento pocas veces visto en redes sociales: su cuenta de Instagram pasó de 600 mil a más de 1,5 millones de seguidores. Una aceleración tan abrupta como impactante, que no tardó en generar fascinación, dudas y un debate profundo dentro de la comunidad electrónica.

El punto de partida fue un clip. Un registro de pocos segundos, filmado durante la fiesta Welcome Back Devil en Toulouse y publicado desde la cuenta de su videógrafo. Un mashup, algunos pasos de baile y una atmósfera intensa bastaron para superar los 40 millones de visualizaciones en pocas semanas. Para algunos, un golpe de suerte amplificado por el algoritmo. Para otros, la prueba de una desconexión entre viralidad y valor artístico.

Sin embargo, reducir este fenómeno a una simple lógica de redes sería ignorar un proceso mucho más amplio. Lo ocurrido con Novah funciona como síntoma de una transformación profunda: la reconfiguración irreversible de la escena techno en la era post-Covid.

Desde hace años, el circuito electrónico viene mutando. La carrera por los likes, los cachés asociados al número de seguidores y la redefinición —o incluso dilución— de ciertos criterios artísticos han generado tensiones evidentes. Lo que algunos interpretan como una deriva o una pérdida de identidad, es también el resultado natural de una escena viva que se adapta a los cambios sociales, tecnológicos y culturales de su tiempo.

La techno de hoy ya no es la misma que hace una década. Esta evolución incomoda a quienes defienden una escena más underground, más reservada y menos expuesta, pero negar esa transformación implica desconocer la realidad actual. Tras la pandemia, surgieron nuevos marcadores de éxito y las redes sociales se consolidaron como herramientas centrales de visibilidad, relato y reconocimiento.

Las imágenes lo confirman. Donde antes las cámaras estaban prohibidas en los clubes, hoy son omnipresentes. Las performances se registran, se editan y se presentan con una estética cercana a las grandes producciones. Este fenómeno amplía comunidades, empuja cierta mainstreamización, pero también abre nuevas posibilidades: más recursos, mayor reconocimiento y eventos de una magnitud inédita. La propia Welcome Back Devil, con 15 mil personas reunidas en una sola noche, es un ejemplo claro de esta nueva escala.

En este contexto, la escena también fabrica íconos. Los DJs se transforman en figuras centrales, casi mitificadas. Formatos XXL, sets all night long y performances fuera de norma se vuelven citas ineludibles. El público ya no se moviliza solo por la música, sino por universos, narrativas y experiencias completas, mientras promotores y programadores equilibran expectativas artísticas con realidades económicas cada vez más exigentes.

Pero esta concentración de atención no está exenta de consecuencias. Crece el temor a un empobrecimiento creativo, donde asumir riesgos resulta más complejo y las propuestas más singulares luchan por encontrar espacio. La tensión entre viabilidad financiera y exigencia artística se vuelve parte del día a día de la industria.

A todo esto se suma una dimensión aún más sensible: la forma en que se mira y se juzga a los artistas. La etiqueta “DJ TikTok” se ha convertido en una herramienta de deslegitimación, reduciendo proyectos artísticos a simples estrategias de visibilidad. Novah ha sido una de las figuras más expuestas a este tipo de juicios, muchas veces cargados de violencia simbólica, incomprensión e injusticia.

La propia artista lo recordó recientemente con una frase tan simple como necesaria: la amabilidad no cuesta nada.

Amar o no amar una música, un proyecto o un universo es un derecho legítimo. La crítica es parte esencial de cualquier escena cultural. Pero detrás de los números, las visualizaciones y los seguidores, no solo hay algoritmos: hay trabajo, decisiones, riesgo y audacia. Para algunos artistas, las redes son una oportunidad; para otros, una herramienta más para existir, narrar y construir comunidad.

La pregunta, entonces, queda abierta: ¿por qué juzgar la forma en que los artistas intentan abrirse camino? ¿No sería más justo —y más constructivo— visibilizar aquello que valoramos, en lugar de deslegitimar a quienes encuentran éxito por vías distintas?

En un ecosistema en constante mutación, quizá el verdadero desafío de la escena techno contemporánea no sea elegir entre underground o mainstream, sino aprender a convivir con sus contradicciones sin perder de vista lo esencial: la música, la cultura y el respeto.

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Etiquetas: , Last modified: 27/01/2026